¿Cuántas veces has visto empresas que sacrifican el control por un aumento en las ventas o, por el contrario, asfixian la operación con excesos de controles?

En nuestra experiencia, ambos enfoques extremos llevan a resultados insatisfactorios.

 

Priorizar el crecimiento de las ventas sin establecer controles eficientes puede parecer una solución rápida, pero a largo plazo termina desbordando la operación. Los costos se disparan, los errores aumentan y la experiencia del cliente sufre.

 

Por otro lado, implementar controles excesivos puede ralentizar tanto los procesos que se vuelve imposible para los equipos operar de manera fluida. Las decisiones se estancan, las soluciones demoran y la frustración crece.

El verdadero desafío está en encontrar el equilibrio. Un sistema de control bien diseñado es aquel que permite monitorear lo esencial sin entorpecer la agilidad de la operación. En Gestión y Control, hemos ayudado a nuestros clientes a identificar qué controles aportan valor y cuáles generan trabas innecesarias, optimizando así sus procesos para que puedan crecer de forma sostenible.

 

¿Tu empresa se inclina hacia uno de estos extremos?